sábado, 28 de agosto de 2010

LA DESGRACIA DE CAMILA O´GORMAN

Allá por Santos Lugares,
cuando mocito, escuché
la bien desgraciada historia
que luego les contaré.
No sé si tendré coraje
para terminar el cuento.
Puede ser que por varón,
disimule el sentimiento.
Mas digo que los paisanos
–aun el más duro y curtido–
jamás oyeron el caso
sin haberse estremecido.
Pues si nadie conservó
el cuero por beneficio,
distinto es si una mujer
es la que marcha al suplicio.
Así sucedió, señores
–ya de esto han pasado añares–
en el campamento aquel,
el de los Santos Lugares.
Y esa mujer –sepanló
–los que este auditorio forman–
en el caso que les cuento
se llamó Camila O´Gorman.
En un patio amurallado
del que ya no queda seña,
fusilada con su amante
murió esa joven porteña
Cosa dura es aceptar
justicia tan desalmada
pues, para colmo, la joven
se encontraba embarazada.
Cuando sonó la descarga,
al tiempo que daba un grito,
llevó sus manos al vientre
como cubriendo a su hijito.
Mas ya será la ocasión
de pintar esos horrores,
hasta que tuvieron fin
sus trabajos y dolores.
¿Quién se ha de tener por juez
de esa triste desgraciada
si, como a inocente flor,
la arrastró la correntada?
Consideren los que entienden
de cosas del corazón
a los extremos que lleva
la fuerza de una pasión.
En el barrio del Socorro
no se vio niña más pura.
Sus ojos negros tenían
asombro de criatura.
Lindo era verla juntar
las violetas de su quinta.
En la espalda le flotaba
la cabellera retinta.
Sosegado el corazón,
en esa calma perfecta,
era sencilla con todos
como su flor predilecta.
Con el fervor del sereno,
inquietada de ilusiones,
tan airosa y agraciada,
vuelve a sus habitaciones.
Sentada a su antiguo piano,
con gracioso movimiento,
unos trémolos le arranca
de profundo sentimiento.
Y en tanto que una calandria
se va afinando en un hilo,
dispone un vaso de flores,
mientras entona un estilo.
Con el alba, por piadosa
se ve en el templo callado.
Allí la viene a perder
un amor desesperado.
Pues el joven sacerdote
con quien ya se confesó,
con una loca esperanza
su pasión le reveló.
Ese mozo tucumano
de tan discretos modales,
contaría en la ocasión
veintitrés años cabales.
¿Qué pueden sus vanos votos
contra tanta primavera,
si ni de su juicio es dueño
aunque usara barba entera?
Pálido de amor se ve
como todo enamorado.
Oscuro el cabello crespo,
lamentoso de su estado.
Pues por no corresponder
a sentires verdaderos,
ni se siente sacerdote
ni sus votos son sinceros.
Así, por un fuego puro
ya consumido y deshecho,
deja que aquella pasión
le domine todo el pecho.
Y aunque tales devaneos
lejos lo habrán de llevar,
sueña Uladislao Gutiérrez
con las dichas del hogar.
Una noche de diciembre,
colmado el pecho anhelante,
por el camino de Quilmes,
se extravía con su amante.
Fuga en un cebruno herrado
más liviano que un suspiro.
Tiene en su grupa a Camila
y lleva un ruano de tiro.
Ella va toda de luto,
como que estaba de duelo.
Él viste polaca negra
con cuello de terciopelo.
He de contar la ocasión
que fue causa de su ruina.
Pero antes los mostraré
en la tierra correntina.
Aposentados en Goya,
a poco se dejan ver
viviendo modestamente
como marido y mujer.
Entre criaturas sueltas
como terneritos guachos,
ella cultiva a las niñas,
él educa a los muchachos.
Pues para ponerle pecho
a la hazaña y su secuela,
en un ranchito decente
han instalado una escuela.
Ebrios de felicidad,
no se muestran precavidos
y, a poco andar, ya frecuentan
amigos y conocidos.
Si con nombres falsos viven,
con honor ganan su pan
Él es Máximo Brandier
y ella Valentina San.
Pero la suerte, señores,
se ha tomado su desquite.
un sacerdote irlandés
los sorprende en un convite.
Y sin pensar que con ello
por siempre los ha perdido,
a ese Uladislao Gutiérrez
lo nombra por su apellido.
Es de imaginar al punto
la sorpresa y el revuelo.
La dicha de los amantes
viene a rodar por el suelo.
Los capturan y, aunque niegan,
presos los mandan de viaje
con rumbo a San Nicolás,
en buques de cabotaje.
De allí, con guardia severa,
por comienzo de pesares,
en carretas separadas
llegan a Santos lugares.
Fue –creo– un quince de agosto.
el campamento era un teatro
cuando arriban esos pobres,
entre las tres y las cuatro.
Hormigueaban los curiosos
en el medio de la siesta.
Aquello era una función.
Sólo faltaba la orquesta.
De una carreta toldada
que hasta la celda se arrima
desciende Camila O´Gorman,
que lleva lo puesto encima.
Tiene el rostro demacrado,
la mirada como ausente.
Como puede se sustrae
a la maldad de la gente.
La mesa, el catre, dos sillas
y ella en aquel calabozo,
ya su aflicción empezó,
ya se terminó su gozo.
Preñadita como viene,
de cosa alguna se antoja.
Sólo de ver a su amante,
que en otra celda se aloja.
Allí todo es ordenanza
y reglamentos y leyes.
A la prisión de la pobre
se acerca Antonino Reyes,
A ese edecán federal
con mando en el campamento
rogando está la Camila
le traiga algún alimento.
Mas por gracia le suplica
algo un poco delicado,
pues no se haría la moza
a la tumba  del soldado.
Con sincerada franqueza
de doliente criatura,
se allana con el tal Reyes
y le cuenta su aventura.
Después, en unos trajines
cuya razón no se explica
un Mariano Beascochea
la indaga y la clasifica.
Luego un Vicente Torcida
–menos duro que otros pillos–
se acerca con sentimiento
a remarcharle unos grillos.
Trata de hacerle entender
de la manera mejor
que es forzoso, pues es orden
que ha dado el Restaurador ;
que son medios livianitos,
aunque parezcan chocantes;
que los mismos los usó
el cura Gutiérrez antes.
Que anduvieron por zaraza
o por no sé qué liencillo,
que Reyes determinó
los forrasen con orillo.
De tal manera –le explica–,
aliviando aquel revés,
por lo menos esos grillos
no han de ulcerarle los pies.
Ya Camila, sin hablar,
de todo se convenció,
y aquellos grillos acepta,
pues Gutiérrez los usó.
Y puesto que pena igual
ha sufrido ya su amante,
gusto será que soporte
un martirio semejante.
Pues ya que el Cielo no quiso
unirlos en el amor,
Dios habrá de permitir
que los iguale el dolor.
De la voluntad de Rosas
mal sabe esta desgraciada
ni sueña que, con Gutiérrez,
pronto será fusilada.
De su pecado notorio
midiendo la situación,
sólo piensa que le espera
La Casa de Corrección .
Mas cuando la orden tremenda
el asunto precipita,
ese Reyes, por clemencia,
manda un pliego a Manuelita .
Pues si queda en ese Rosas
algún sentimiento humano,
bien lo ha de avivar con lágrimas
la hija de aquel tirano
Pero, por triste remate
de aquel designio inclemente,
ese pliego el mismo Rosas
recibe directamente.
Allá va y truena el tirano,
furioso como un poseso,
y amenaza al comedido
con advertencia de ir preso.
En favor de esos amantes
nada queda por hacer.
¿Quién sabe si vivirán
en el nuevo amanecer?
Por Reyes sabe Gutiérrez
la noticia malhadada:
que su Camila querida
con él será fusilada.
Una suprema esperanza
el duro llanto le enerva.
Le está escribiendo un mensaje
con el lápiz que conserva.
Si no han podido vivir
en la tierra unidos –dice–
Dios los unirá en el Cielo,
Le promete y la bendice.
Allí llora la Camila 
su tan desgraciado amor.
Allí le vendan los ojos
cuando se va el confesor.
Tres tragos de agua bendita
le dan amarga frescura,
quieren, con la Providencia,
bautizar la criatura.
Como a su amante infeliz,
Lo ponen en una silla.
Dos hombres del campamento
la alzan en una angarilla.
Blanca le luce la cara,
blanco el vestido liviano.
Con blanco fervor sostiene
un crucifijo en la mano.
Doce soldados, por junto,
se forman en recta raya.
Ninguno aprieta el gatillo.
Uno de ellos se desmaya.
Entre tantos duros mozos
vencidos por la emoción,
el más curtido de todos
ha perdido la razón.
“¡Fuego!” grita el comandante
otra vez, aunque le cuesta.
La tercera es la vencida:
tal orden fue la funesta.
Una prueba todavía
la desgraciada ha sufrido:
los fogonazos de muerte
le han incendiado el vestido.
A baldazos se lo apagan,
con tristísima premura.
con sus lágrimas se mezcla
el agua de su amargura.
Crecía el día sereno
inocente de la hora
en que ha de rendir la vida
la pareja pecadora.
Ya el duro plazo se cumple,
ya toda esperanza es vana.
Ya se citan en el Cielo
a las diez de la mañana.
Allí agonizan tendidos
los amantes desgraciados.
Dios sabrá si en las alturas
pudieron ser perdonados.
Año de mil ochocientos
cuarenta y ocho, señores.
El dieciocho de agosto
mueren esos pecadores.
Todo pecho bien nacido
en indignación estalla.
Mas le valiera a ese Rosas
perder una gran batalla .
Allí rindieron la vida,
con castigo suficiente
dos amantes extraviados
y un angelito inocente.
El saucedal de Palermo
ya sus lágrimas destila.
Todo el verdor de sus ramas
lloraba por la Camila.

  León Benarós, 1956
El poema pertenece al libro de León Benarós Romances de Infierno y Cielo , que trata de la muerte de figuras de la historia argentina. Se reeditó en su Romancero Criollo Pablo Neruda ha dicho: “León Benarós le dio al romance su verdadera magnitud, alcanzando un nivel que ni el mismo García Lorca había tratado de profundizar”. El poeta argentino expresa en el prólogo de este libro de romances: ”Nuestra historia es rica en movimiento y violencia, en pasión y en exceso […] La recia verdad, el naturalismo sin blanduras, lo vulgar –si es necesario– antes que el poetizado convencionalismo […] Nada que huela a recurso literario”. 

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Llorar? ¿Por qué? de Amado Nervo

ESTE es el libro de mi dolor:
lágrima a lágrima lo formé;
una vez hecho, te juro, por
Cristo, que nunca más lloraré.
¿Llorar? ¿Por qué?
Serán mis rimas como el rielar
de una luz íntima, que dejaré
en cada verso; pero llorar,
¡eso ya nunca! ¿Por quién? ¿Por qué?
Serán un plácido florilegio
un haz de notas que regaré
y habrá una risa por cada arpegio,
¿Pero una lágrima? ¡Qué sacrilegio!
Eso ya nunca. ¿Por quién? ¿Por qué?
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lunes, 23 de agosto de 2010

"El Lechero" José S. Álvarez (Fray Mocho)


Siendo la leche el primer alimento que se le da a los recién nacidos, necesario era que mi primer artículo para Caras y Caretas tuviese sabor lácteo, para lo cual ningún tipo de los
que me obligaron a presentar incomodaba tanto a mi propósito como el del lechero.

Ya se fue el marchante de los buenos tiempos viejos, que los niños esperábamos ansiosos por la yapa de leche, exigua y por ello sabrosa, y los más grandecitos y traviesos, por el
mancarrón cargado con los tarros, sobre cuyas tapas envueltas en trapos se extendía el cuero de carnero que le servía de trono y sobre el cual, arrodillado y erguido el busto, marchaba a trote de lechero, como se decía, el viejo vasco cantor y alegre.

¡ Qué famosos galopes hasta la bocacalle, con corrida de todos los perros vecinos! Se fue el marchante y con él se ha ido una nota típica de Buenos Aires y también el arreador usado como cetro; la boina terciada sobre la oreja; el chiripá de grano de oro cayendo apenas sobre la bota de becerro chueca y embarrada; el tirador, que era una especie de cafarnaúm en que se hallaban botones desertores, cartas de mucamas aventureras que comenzaban con el invariable “cerido marchante digamé ci es sierto que me dará el haniyito ei le doy el veso”, pesos chicos con carnerito, cabellos mezclados con flores secas, horquillas para la novia preferida—la paisana—que le esperaba entre sus patos y gallinas,
allá por Morón o San Justo, y a veces el papelito que “la patrona gorda”, “la flaca de Maipú”, “la vieja del Socorro”, como él designaba a su clientela, le encargaban manteca
fresca o huevos caseros para la niña y también las milongas en vascuence, entonadas al bordear un charco suburbano, y la original “fonda de vascos” donde entre copa y copa de
vino se comentaba a gritos toda la vida porteña, mirada desde la cocina.

A otros tiempos otros tipos.

Ahora tenemos el carrito con vasijas de latón, lustrosas de puro limpias; el lechero de delantal y gorro blanco, serio, grave, que no canta, ni ríe, ni dice chicoleos; la manteca en panes de ilusión y harina y el agua y la sofisticación reinando omnipotentes con sellos, patentes, certificados químicos y tapas higiénicas.

Y ahí va la vida, siguiendo su tortuoso camino, cada día menos pintoresca, menos nacional, diremos, pero más arreglada a las leyes y ordenanzas, por más que el viejo marchante
desalojado diga melancólicamente, al ver pasar uno de los carritos triunfadores: ––¡Arodá nomás... masón condenao, que ya te allegará tu hora!...


sábado, 21 de agosto de 2010

22 de agosto de 1972 - Masacre de Trelew

El 15 de agosto de 1972 miembros de las organizaciones guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros intentaron concretar una fuga masiva de la cárcel de Rawson, donde se encontraban recluidos. Durante la huida murió un guardiacárcel. Seis jefes guerrilleros –Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna , del PRT-ERP, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR, y Fernando Vaca Narvaja, de Montoneros- lograron subirse a un avión secuestrado y refugiarse en Chile, desde donde partirían más tarde hacia Cuba.

Sin embargo, el objetivo perseguido -la fuga masiva de más de un centenar de personas- no logró alcanzarse. “Se formaron distintos grupos: un primer grupo de seis, que se fuga, un segundo grupo de 19, que es el que queda en el aeropuerto, y un tercer grupo de 110, que no alcanza a fugarse”, señala el ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, uno de los protagonistas de la fuga del penal de Rawson.

Las 19 personas a las que alude el líder montonero no llegaron al aeropuerto a tiempo para subir al avión y se rindieron el 16 de agosto ante los efectivos militares, solicitando garantías públicas por sus vidas en presencia de periodistas y autoridades judiciales. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa los condujo a hacia la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew.

“Lanusse sacó de jurisdicción al penal de Rawson y al Aeropuerto de Trelew y decretó el estado de sitio en el momento en que se estaba negociando. De esta forma, la máxima autoridad ya no era el juez civil sino el jefe militar de la base. Entonces, en vez de reintegrarlos al penal, se los trasladó a la base militar Almirante Zar y en la madrugada del 22 se da esta salvajada del fusilamiento. Los responsables directos fueron los capitanes Sosa y Bravo y parte del cuerpo de suboficiales de la Marina”, sostiene Fernando Vaca Narvaja.

En la madrugada del 22 de agosto los detenidos fueron instados a salir de sus celdas formando dos hileras. En ese momento, los militares dispararon sus ametralladoras y mataron a dieciséis de los diecinueve detenidos. De acuerdo con la versión oficial, uno de ellos, Mariano Pujadas, había intentado arrebatarle la pistola a Sosa en un nuevo intento de levantamiento. Sin embargo, los tres sobrevivientes de la masacre, María Berger, Carlos Alberto Camps y Ricardo René Haidar, gravemente heridos, aportaron sus denuncias y testimonios sobre el fusilamiento.

La versión de la Marina

“Los hechos ocurridos (en Trelew) han despertado dos actitudes en la gente que nos rodea. Unos pretenden acusar a la Armada de haber provocado una masacre intencional. Los otros, ante el hecho consumado, lo justifican y hasta lo aplauden, dada la peligrosidad de los presos. Ni unos ni otros tienen razón. La Armada no asesina. No lo hizo, no lo hará nunca. Se hizo lo que se tenía que hacer. No hay que disculparse porque no hay culpa. No caben los complejos que otros tratan de crear. La muerte de seres humanos es siempre una desgracia. Estos muertos (alude a los sediciosos) valen menos, en el orden humano, que el guardia cárcel Valenzuela (muerto el 15 de agosto en el operativo de fuga de la conducción guerrillera), que los humildes argentinos del orden público muertos en servicio.” (Declaraciones de Horacio Mayorga, jefe de la Aviación Naval –uno de los responsables de la represión en el campo de concentración que funcionó en la ESMA-, en La Prensa, 6 de septiembre de 1972.

Autor:
Testimonios extraídos del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, editorial Planeta, 2005.
Fuente:
www.elhistoriador.com.ar

sábado, 14 de agosto de 2010

LASCHICAS CAMPEONAS


El fin de semana pasado se realizó en Luís Beltrán, Rio Negro, el IV Torneo Aniversario de Torball, que contó con un importante número de equipos inscriptos de Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires y se disputo en ambas ramas.
Coronó en la rama femenina a Tremyn de Chubut, equipo compuesto por las jugadoras Carolina, Mirtha, Liliana y Patricia
En segunda ubicación culmino Fundación Nano de Buenos Aires y terceras las representantes de Alen Simón de Choele Choel.
¡¡Felicitamos a los organizadores y valoramos el esfuerzo realizado!!

jueves, 12 de agosto de 2010

" XXVIII Encuentro De Escritores Patagónicos "

13 al 16 de Agosto de 2010
Puerto Madryn, Chubut, Patagonia Argentina
http://www.madryn.gov.ar/areas/cultura/index.php

" Junta Vecinal Barrio Fontana "

miércoles, 11 de agosto de 2010

" POEMA PARA RECUPERAR A UNA MUJER "

Instrucciones

Para recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a todo.
A todo
menos
ella. Porque ella es todo lo que uno no tiene.
Es decir:
uno tiene el mundo pero
la realidad es:
ella de un lado
y uno y todo lo demás
del otro.
Y hay que estar dispuesto a disponer de todo
para que ella disponga,
se sirva, se abra,
se ponga y se deje.

Para recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a hacer
un embudo
y meter toda la vida en él
para que vaya y caiga
sobre ella;
hay que encender
un ventilador
en el sentido de todas las palabras
y hacerlo soplar
sobre ella;
hay que meterse, finalmente,
en una picadora de carne
y hacer con ella empanaditas
que ella pueda
comer sin esfuerzo;
hay que disolverse y llover
sobre ella
y todo es poco
y no duele
que duela.

Para recuperar una mujer
hay que entrarle por todas partes:
ser la basurita en su ojo,
el ruido que no la deje dormir,
un resto de amor pegado
a su contestador
como
un residuo entre dientes
para su eterno forcejeo;
una piedrita en el zapato,
una gota de sangre en el borde
de su cama
y de su olvido.
Para recuperar una mujer
todo es poco
porque primero
hay que haberla perdido.

sábado, 7 de agosto de 2010

" San Cayetano "



Nació Cayetano; de padres nobles, hacia el año 1.480, en la ciudad de Vicenza, del señorío de Venecia. Sin embargo, algunos autores afirman que vio la luz en Gaeta. Efectivamente, el nombre Cayetano proviene del término latino caietanus, que significa, oriundo de Caieta, como se llamaba esa ciudad en la época de los romanos.

Antes de nacer, ya la madre lo había ofrecido a Jesús. De pequeño, por este motivo, se lo llamaba Cayetano de Santa María.

Cayetano nació en una época de cambios históricos profundos, logró vivir de acuerdo a lo que creía y trascender su tiempo, no sólo como un Santo venerable, sino como un ejemplo de vida cristiana.

Frecuentó desde muy joven las iglesias y le gustaba la soledad. Se estableció en Roma y el Papa Julio lo nombró protonatario apostólico y lo hizo camarero.

San Cayetano experimentaba una desgana muy viva por el género de vida de muchos de los otros prelados y eclesiásticos de la corte papal. En una carta del 31 de julio de 1517, pedía a Laura Mignani rezar por Roma: "Te recomiendo ésta, alguna vez Ciudad Santa, ahora Babilonia, en la cual hay tantas reliquias".

Ordenado sacerdote el 30 de setiembre, celebró su primera misa en la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero de 1517, en el altar del Pesebre de Santa María la Mayor, donde la Madre de Dios, en la Navidad siguiente le presentará su Hijo Divino entre los brazos, como él mismo lo relata a Laura Mignani en una carta del 18 de febrero de 1518.

A favor de los incurables.

Al regresar a Vicenza, encontró un conjunto de gente humilde, devota y ejemplar, que él Ilamó sociedad santa. Los aleccionó para que fueran útiles en el hospital de incurables y ejerció personalmente la caridad con los enfermos. Su ejemplo cundió por toda la ciudad. Caballeros, nobles, militares y vecinos de gran fortuna acudían como voluntarios al hospital. Se trasladó a Venecia. Allí gastó gran parte de su fortuna en realizar obras de misericordia. Reparó el hospital, Ilamado Hospital Nuevo. Todavía se ve sobre la puerta principal del hospital la imagen del santo y la inscripción en que se lo Ilama "amado fundador". Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios el homenaje de la adoración y "en el hospital lo encontramos personalmente".

Funda otra congregación a medias.

Por segunda vez se hizo presente en Roma, donde fundó otra congregación, para combatir a los herejes. Tuvo por compañero de fundación a don Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti (Teati), hombre austero y ejemplar que fue después el Papa Pablo IV.

Cayetano fue un reformador. Un fin guiaba al nuevo instituto: proveer santos prelados, quienes no podían poseer rentas ni pedir limosna, debiendo contentarse para su sustento con lo que espontáneamente se les ofreciera; es decir, debían entregarse sin reserva en manos de la providencia . Clemente VII los denominó clérigos regulares. En Italia son Ilamados chietinos o teatinos por Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti, que antiguamente se Ilamaba Teati.

Después del saqueo a Roma.

En el saqueo a Roma, en mayo de 1527, por las tropas imperiales de Carlos V, los Teatinos fueron maltratados, hechos prisioneros y encerrados en la torre del Reloj, en el Vaticano; liberados por un oficial español, pasaron a Civitavechia y después a Venecia. Durante los seis años que él pasó en Venecia (1527-1533), Cayetano con su Comunidad se consagra a la asistencia de los pobres y de los enfermos, sobre todo en la peste que asoló la ciudad entre el 1527 y 1528, trabaja en la reforma religiosa y se opone a las infiltraciones heréticas.

Un "pobre" que era temido por cuasi-herejes.

En Nápoles, los Teatinos realizan desde el principio una inmensa tarea apostólica. Bajo la dirección de Cayetano, la Comunidad crece rápidamente y se vuelve el centro de la reforma católica: se cuida del decoro y del esplendor de la iglesia, se da un gran impulse a la vida litúrgica y a la frecuencia de los sacramentos, reflorece la piedad en torno al misterio de Navidad, se restaura la devoción al santo Pesebre.

Se velaba también por la pureza de la fe. Los innovadores Juan Valdés, Pedro Bernardino Ochino y Pedro Mártir Vermigli encuentran en los Teatinos temibles adversarios. Defensor de una pobreza absoluta, Cayetano rehusa enérgicamente las generosas ofrendas que unos napolitanos quieren asegurar a la Comunidad para que ella goce de rentas fijas. Su confianza en la Providencia será proverbial y sus bió grafos narran los prodigios que prueban las intervenciones especiales del cielo. Su espíritu de penitencia era grande, así como su despego de lo terrestre.

Morir por Nápoles.

Cayetano había Ilegado a Nápoles en compañía de otro teatino, Juan Marinoni. La ciudad estaba gobernada por un Virrey, don Pedro de Toledo, en representación de Carlos V.

Los españoles, a fin de mantener la estabilidad política y económica, habían otorgado a la nobleza napolitana grandes beneficios. Pero el pueblo soportaba graves penas y miserias.

El Conde de Oppido recibió a los dos sacerdotes, con grandes lujos. Pero ellos se negaron a aceptarlos terminantemente.

El Conde, maravillado por los espíritus nobles dos teatinos, siguió insistiendo y brindándoles todo to podía para que vivieran cómodamente. Y ambos, nuevamente, devolvieron cuanto obsequio recibían y come su obra de apostolado en la ciudad.

Entre idas y venidas, lograron todo cuanto se propusieron. Lentamente fueron sorteando con dificultad todos obstáculos. Pero no pudieron con uno: la Inquisición, que había Ilegado a la ciudad y produjo tal conmoción que la multitud se levantó en armas.

Cayetano trató de mediar en el conflicto que se desató, pero no obtuvo ningún resultado y decidió ponerse en manes de Dios, suplicando su misericordia. Entonces, Cayetano se ofreció en cuerpo y alma por la salvación de su pueblo.

De repente, una extraña enfermedad lo obligó a recostarse en la cama y Marinoni Ilamó inmediatamente al médico. Pero de nada sirvió. El Santo pidió los sacramentos para poder morir en paz. Lloró por sus pecados, besó por última vez la imagen de Cristo en la cruz y cerró los ojos para siempre el domingo 7 de agosto de 1547, en momentos en que la capital napolitana estaba en sangrientos tumultos.

Al día siguiente, milagrosamente, cesaron las hostilidades. Hubo un acercamiento de ambas partes y dieron paso al diálogo, es que la mano de Dios había bajado a la tierra y había escuchado el ruego del Santo.

Fue enterrado en el cementerio de los Teatinos, cerca de la iglesia de San Pablo; más tarde sus restos fueron trasladados al interior de la iglesia, donde son actualmente venerados en la cripta del "Soccorpo".

Clemente X lo canoniza el 12 de abril de 1671. Su fiesta, celebrada el 7 de agosto, fue extendida en 1673 a la Iglesia universal.

En definitiva, San Cayetano pasó toda su vida sirviendo a Jesús en sus hermanos: fundó un hospital para atender a los que padecían enfermedades infecciosas, creó un Banco que concedía créditos a los más necesitados, organizó una imprenta para dar trabajo a los desocupados. Nadie que tuviera alguna necesidad le era indiferente.